miércoles, 22 de noviembre de 2006

Comunicación para Organizaciones I: ¿Por qué pensar en un paradigma?

Por Celeste Neyra

Los comunicólogos muchas veces intervenimos en organizaciones con el fin de diagnosticar, planificar u orientar procesos vinculados a la comunicación. Sin embargo, existen diversas teorías o paradigmas de la comunicación.

Resulta central definir con cuál trabajaremos dado que las organizaciones se constituyen y desarrollan mediante procesos atravesados por la comunicación.

A través la historia se dieron distintas explicaciones sobre cómo funciona la comunicación. Se habló de información, comunicación, mensajes, enunciación, discurso, comunicación social, etc.

A continuación realizaremos un recorrido, no cronológico, por algunos de los paradigmas que fueron y son relevantes en la historia de la definición del concepto comunicación.

Comunicación Lineal, modelo matemático informacional

Un antiguo esquema explicaba la noción de comunicación a través del esquema Emisor- Mensaje- Receptor. Desde esta perspectiva el mensaje recibido sería el mismo que el emitido con la posibilidad que el ruido interceda entre una y otra instancia impidiendo que la recepción se realice nitidamente.

Uno de los principales exponentes de este paradigma fue Claude Elwood Shannon, que a partir de la década de 1930 expuso su teoría Matemática de la Comunicación.
Otro de los teóricos que se destacó fue Norbert Wiener, que en su teoría sobre cibernética partía de la idea de retroalimentación.

De este modo la cibernética hizo hincapié en la influencia de la comunicación en el receptor y su impacto en la acción. Sin duda este punto fue la idea fundamental de esta escuela. A ella se deben también cuatro elementos frecuentemente considerados desde entonces como las “bases de la comunicación”:


Emisor- Canal- Receptor- Código

Lingüística y Sociosemiótica.

Entre los años 1907 y 1911 Ferdinand de Saussure dio en Ginebra una serie de cursos de lingüística que hoy conocemos como Curso de Lingüística General, allí planteó su modelo de signo binario (significado/significante).

La relación binaria básica era la de la lengua y el habla, y, para la ciencia lingüística, lo relevante era la lengua.

A comienzos de la década de 1960, acompañando al estructuralismo en auge en Europa, surgió la sociosemiótica. Esta reconoce que la lingüística formal construyó un objeto de estudio arrancándolo del “circuito de la comunicación”. Es decir, la semiología saussuriana -basada en un soporte de análisis lingüístico- se centró sobre la lengua, aislándola de lo social, de los otros discursos, de las condiciones históricas de producción de los mismo, de las relaciones de poder, etc.

Por esto para Eliseo Verón “para tener la posibilidad de construir un verdadero objeto de ciencia correspondiente al campo de eso que llamamos hoy comunicación, es necesario abandonar definitivamente la noción misma, inevitablemente ligada a una concepción lineal de los procesos en cuestión. Es necesario, dicho de otro modo, pasar de la noción de comunicación a la de producción de sentido, un modelo no lineal” (1).

Desde este punto de vista el objeto de estudio (mensaje o texto), es reemplazado por paquetes significantes, recortes discursivos, que pueden ser de diversos tipos de materias significantes (texto escrito, audiovisual, etc) a los que se denominan discursos.

Además esta teoría reconoce que el discurso producido no es el mismo que el recibido. La distancia existente entre el discurso producido y su recepción es denominada circulación de sentido, y es entendida como un proceso complejo, no lineal: se trata de circulación discursiva de sentido.

Desde esta conceptualización de la comunicación, la realidad es una construcción discursiva. Es decir, es una construcción que se lleva a cabo a través de la circulación social de los discursos.

Transmisión y Significación.

Los conceptos de comunicación que se desprenden de las teorías antes mencionadas, pueden alinearse en dos grandes tendencias: “Una que ubica a la transmisión como el elemento esencial del proceso y la otra que centra su mirada en los procesos de significación”(2).

El paradigma transmisivo tiene su origen en la creencia de verdades absolutas, o al menos de que existen conocimientos y valoraciones válidas y que hay quienes necesitan recibir esos conocimientos y valores. Una de las características de este modelo es negar el conocimiento del otro.

Dentro de los modelos teóricos anteriores el Matemático Informacional, concibe la comunicación como un proceso lineal, centrado en la transmisión.

El Paradigma centrado en la significación parte de la idea de que las “verdades” son construidas por las personas, teniendo en cuenta sus intereses, creencias y conocimientos.

El paradigma centrado en los procesos de significación que reconocen a las mediaciones y al receptor portador de esas mediaciones como el eje central de la comunicación, permite analizar la dimensión política y estratégica de la comunicación.

La sociosemiótica fue importante en este recorrido, al permitir pensar la construcción social de sentido.

Los estudios culturales, incorporaron el poder y la hegemonía en sus análisis, pensando la comunicación desde el paradigma de la significación.

¿Por qué definir un modelo para las organizaciones?

Según Sanz de la Tajada, las organizaciones construyen su identidad sobre el reconocimiento de un origen común o características compartidas. Entonces para trabajar en organizaciones resulta importante utilizar un paradigma que se adecue a los valores, ideales o características compartidas por la organización.

Es habitual que el concepto dominante de comunicación que circula entre los integrantes de una organización sea el lineal (emisor- mensaje- receptor), aunque este no coincida con la cultura de la misma.

Por ello, reflexionar sobre qué es la comunicación cuando intervenimos en una organización, se vuelve necesario para orientar el trabajo. De esta forma podremos identificar qué concepto utilizar para lograr el objetivo que se plantee la intervención en la organización.

Notas:

(1) Verón, Eliseo: Para terminar con la comunicación; Reseaux 46/ 47 Marzo-Abril/ Mayo- Junio. París, 1991.

(2) Vidal, José Ramón: Pensemos la Comunicación, en Selección de Textos, Comunicación Popular, La Habana, Editorial Caminos Centro Martin Luther King Jr., 2006.

jueves, 9 de noviembre de 2006

Comunicólogos: Incumbencias Profesionales

Por Mariano Wiszniacki


En una disciplina en la cual se trabaja sobre el discurso, las palabras y a pensar la sociedad en referencia a sus modos de interactuar y de hacernos entender, resulta al menos paradójico que algunas carreras de Ciencias de la Comunicación de instituciones de América Latina, aún no tengan definidas sus incumbencias profesionales. Sin embargo, la complejidad del amplio campo de las disciplinas sociales suele dificultar la determinación de un objeto de estudio. Más aún, podemos afirmar que es necesario pensar y reflexionar sobre ese objeto, que es uno de los objetivos de las ciencias sociales. Esa imposibilidad de tener un campo tan estructurado y definido puede impactar también en la delimitación del espacio de actuación del profesional de las Ciencias de la Comunicación Social, quien necesita reflexionar acerca de su lugar a la par de los vaivenes de esta era, que muchos denominan “de la información y la comunicación”.

Veinte años le demoró a la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires (UBA), definir oficialmente sus incumbencias profesionales. Fue inaugurada, en los albores del regreso democrático tras la cruenta dictadura militar, en 1986 y desde entonces forma parte de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Ya en 1992 y ante una matrícula que se incrementaba año a año, se inició ante el Consejo Superior de la Universidad (órgano rector de la institución) el pedido de Definición de Incumbencias Profesionales. Catorce años pasaron para que el 9 de Agosto de 2006 y por Resolución Nº 634, dicho Consejo determinara el documento oficial que especifica las áreas de actuación del Profesional en Ciencias de la Comunicación. Las incumbencias que se determinaron son:

Realizar estudios e investigaciones relativos a los sistemas, modelos y procesos comunicacionales, los medios de comunicación social, y la estructura, organización y significado de los diversos mensajes.

Asesorar acerca de los sistemas, modelos y procesos comunicacionales los medios de comunicación social, y la estructura, organización y significado de los diversos mensajes.

Diseñar modelos de comunicación social y planificar, implementar y evaluar sistemas comunicacionales.

Producir, elaborar, interpretar y evaluar mensajes y discursos.

Efectuar diagnóstico comunicacional en medios masivos, grupos e instituciones.

Planificar, implementar y evaluar campañas comunicacionales.

Realizar arbitrajes y peritajes relacionados con los sistemas y modelos comunicacionales y la contextualidad de los mensajes.

En América Latina, y a pesar del desarrollo que las Ciencias de la Comunicación tuvieron durante los últimos treinta años y del valor que la comunicación ha tomado en el planeta, cuesta aún dar cuenta de las funciones profesionales que podemos cumplir los graduados de comunicación social. En muchos casos se desconoce, en otros se minimiza y en otros tantos es a los profesionales de esta disciplina a quienes se nos dificulta explicar que es lo que hacemos. En ese sentido, la demora de veinte años en la aprobación de las incumbencias profesionales en la UBA no es un dato menor, representa el camino para nada sencillo que los comunicólogos transitamos en un mundo cuyos constantes cambios sociales y tecnológicos exigen un mayor trabajo de análisis de una sociedad cada día más compleja.