lunes, 19 de febrero de 2007

Opinión Pública III

Por Gisela Denise Wisniacki


"Créanme, la lengua del pueblo es divina"
Séneca -Controversae-


Oikos y Koiné

Confirmada ya la existencia de una percepción y un ordenamiento que regirá la vida de los hombres, aparecen las dos categorías cuyas formas regirán el mundo hasta la actualidad, aunque su contenido varíe en las diversas etapas históricas: la esfera privada y la esfera pública.

Desaparecen la palabra mágina, la posibilidad de armonía entre lo Uno y lo Múltiple y la configuración del mundo a partir del canto de los poetas; la Grecia del Agora quiebra definitivamente la unidad y la transparencia entre las cosas y el hombre, e inaugura el camino elegido por Occidente: "La posición en la polis se basa, pues, en la posición del oikodéspota. Bajo la cobertura de su dominio se realiza la reproducción de la vida, el trabajo de los esclavos, el servicio de las mujeres, acontece la vida y la muerte; el reino de la necesidad y de la transitoriedad permanece anclado en las sombras de la esfera privada. Frente a ella se alza la publicidad, según la autocomprensión de los griegos, como un reino de la libertad y de la continuidad. A la luz de la publicidad todo se manifiesta tal como es, todo se hace a todos visible. En la conversación entre ciudadanos fluyen las cosas hacia el lenguaje y ganan forma; en la disputa entre iguales sobresalen los mejores y ganan su esencia: la inmortalidad de la fama" (1).

A pesar de haber producido tan irrecuperable ruptura, los griegos conservan aún una 'zona de inocencia' ya que si se mira esta ruptura del lado inverso cada una de las esferas mantienen aún sus rasgos absolutamente diferenciados, ambas categorías son, si se quiera, 'puras': "Política y esfera pública coinciden estrictamente. (…) Sólo la esfera privada doméstica, y no el espacio público, admite la dominación: es el poder que el dueño de casa ejerce exclusivamente sobre las mujeres, los niños, los esclavos y, en general, en toda la esfera doméstica donde se producen los procesos biológicos, en especial 'privados' (…). Por el contrario, la esfera pública política se idealiza como un reino de la libertad (en el sentido de los antiguos), una libertad que se expresa en un derecho igual, para todos los ciudadanos, a participar directamente de los asuntos públicos" (2).

La Mediación de la Palabra

En esta esfera pública, la palabra, primero mágica, luego semántica y finalmente ordenadora del mundo, cobra de pronto vida propia, se autonomiza y se convierte de una vez y para siempre en una palabra de razón que mediará entre los ciudadanos (3). El paroxismo de su liberación llega con los sofistas (4).

La Opinión Pública, tal como la conocemos hoy en día, comienza a tomar forma con la separación irreconciliable de ambas esferas y sostenida por una palabra fuerte y totalmente separada del plano mítico-religioso y de la cosa en sí.

La inocencia comienza a perderse definitivamente.

Notas:

(1) Historia y crítica de la opinión pública - La transformación estructural de la vida pública - J. Habermas. Editorial G. Gili. (1994). Pág. 43.

(2) El nuevo espacio público. Cap. I "Las transformaciones de la publicidad política". Jean Marc Ferry. Editorial Gedisa (1995). Pág. 14.

(3) "Con el advenimiento de la ciudad, la palabra-diálogo pasa a ocupar el primer puesto. Es el 'útil político por excelencia', instrumento privilegiado de las relaciones sociales. Por ella los hombres obran en el seno de las asambleas, por ellas gobiernan, ejercen su dominio sobre el otro. La palabra no está prendida ya en una reducción simbólico-religiosa, accede a la autonomía, constituye su mundo propio en el juego del diálogo que define una suerte de espacio, un campo cerrado donde se enfrentan los discursos. Mediante su función política el logos se convierte en una realidad autónoma, sometida a sus propias leyes. (Marcel Detienne. Capítulo V. El proceso de secularización)".

(4) "Esa práctica de la discusión fue la cuna de la razón en general, de la disciplina lógica, de cualquier refinamiento discursivo (Giorgio Colli. Cap. Misticismo y dialéctica).

sábado, 3 de febrero de 2007

Internet, Comunidades Virtuales y Sociedad

Por Mariano Wiszniacki


Desde el acelerado crecimiento de las nuevas tecnologías y particularmente con el desarrollo de Internet, se habla constantemente tanto en la industria cultural como en medios académicos de la presencia de una “era de la comunicación”. Esta aseveración, tan contundente como facilista, obliga a repensar qué entendemos por comunicación y si no confundimos algunos aspectos fundamentales de ese concepto con un bombardeo informativo ilimitado.

Internet es, se presenta a sí misma, como el paradigma de la comunicación o mejor dicho, como la utopía de una comunicación sin límites ni fronteras territoriales. Las tecnologías acercan a las personas, achican las distancias espaciales y temporales entre los seres humanos. Esto es válido tanto para los automóviles, como para los teléfonos, para la TV y para la “red de redes”. Pero a su vez, romper esas barreras territoriales hace aflorar, visibiliza las diferencias culturales entre las personas, entre las comunidades, nos obliga a conocer a un otro con costumbres, con valores, discursos y sistemas de pensamiento distintos. En tal sentido, la comunicación, y esto es lo que la diferencia del concepto de información, requiere escuchar al otro, exige una actividad, un esfuerzo por comprenderlo, implica interactuar entre emisor, mensaje y receptor. Comunicación también supone tolerancia, implica respetar al otro, más allá de las diferencias y darle validez a su discurso. La comunicación tiene una dimensión democratizadora.

La última novedad de la red, es lo que durante los últimos dos años se ha denominado Internet 2.0, lo que los gurúes de la tecnología llaman la nueva Internet. Se trata del fenómeno masivo de blogs y fotologs, de sitios como You Tube, de enciclopedias comunitarios como Wikipedia, del movimiento del periodismo ciudadano y de juegos y comunidades virtuales como Second Life, en dónde ya el usuario “común” es productor de contenidos y dónde supuestamente se rompe la unidireccionalidad de medios como la TV o la Radio donde el mensaje iba de uno a muchos, para pasar a una interactividad donde ya no se distingue productor y receptor del mensaje. Dominique Wolton critíca esta visión afirmando que “continuamos asimilando interactividad y comunicación. Soy interactivo, por lo tanto comunico. Soy un ‘buen interactivo’, por lo tanto soy un buen comunicador. Ahora bien, la comunicación no es sólo la interactividad entre un emisor y un receptor, sino que pone en escena tres participantes: el emisor, el mensaje y el receptor. El más complicado es siempre el receptor humano, que interpreta y responde lo que quiere” (1).

En definitiva, comunicación no es igual a información, estamos a partir de Internet posiblemente más interconectados en el mundo, tenemos una herramienta que permite romper distancias territoriales y estamos quizás también sobreinformados. Sin embargo, no es la tecnología, sino el uso que de ella hacen los seres humanos, la que determina el carácter más o menos democratizador, más o menos solidario, más o menos militante que la herramienta puede adquirir. Internet no refuerza vínculos por sí misma, no por competir con un japonés en un juego virtual o reírme con un video online de un marroquí conozco más de su cultura, me atrevo a superar mis prejuicios, tengo más respeto y tolerancia hacia sus costumbres, distintas a las mías. En definitiva, no por estar más informado sobre lo que hace me comunico más con ese otro cultural. Sobre ese fantasma se afirma esta Internet 2.0, la de la libertad: de informar a los otros lo que hago, de afirmar mi individualidad, pero sin considerar, al parecer, una dimensión colectiva.

Internet tiene en una de sus dimensiones la posibilidad de ser utilizada como una herramienta de movilización, de concientización social y de militancia política. Así lo ha demostrado el uso que de ella hacen los movimientos Antiglobalización y Ecologistas, entre otros. Pero aún estamos muy lejos de una verdadera era de la comunicación, si consideramos el carácter democratizador que la comunicación debería tener. Internet, dice Wolton “refuerza los valores individuales sin aportar ninguna respuesta a las preguntas de la democracia de masas: la igualdad colectiva y el respeto por las diferencias” (2). El gran objetivo que se plantea es entonces, no sólo conocer que hacen los otros, como si fueran piezas de museo inmóviles y puramente informativas, sino pensar en la manera de convivir con ese otro cultural, a pesar de y reconociendo nuestras diferencias.


Notas:

(1) Sobrevivir a Internet. Dominique Wolton. Editorial Gedisa, Barcelona 2000. Pág.48.

(2) Ibíd. Pág. 39.