sábado, 15 de marzo de 2008

Comunicación Institucional y Resistencia

Por Mariano Wiszniacki

Es habitual que durante nuestra intervención como consultor externo en una institución se produzca en algún momento del proceso, una cierta reticencia al cambio. Podrá parecernos paradójico ya que por lo general somos convocados en tanto consultores en Comunicación a los efectos de responder a una problemática planteada con el objetivo de transformarla, modificarla o solucionarla.

En tanto comunicólogos trabajamos en las instituciones en respuesta a una demanda que éstas expresan generalmente de modo poco específico (por ejemplo: “necesitamos llegar a nuevos públicos y no sabemos por qué no lo logramos”) y que es preciso desentrañar para conocer los núcleos problemáticos que se organizan tras ella.

Durante ese proceso, hacemos una exploración exhaustiva y trabajamos para conocer en profundidad esas causas que lo motivan, indagar sobre las debilidades de la institución, reconocer sus fortalezas como punto de partida para modificar aquellos aspectos que traban el cumplimiento de sus objetivos.

En ese camino, que hemos descripto en pocas palabras pero que exige una ardua tarea, tiempo, conocimiento, metodología y experiencia se suele producir una situación que al menos podremos vivenciar como paradójica pero que es propia, natural diríamos, del proceso de intervención. Se trata de una reticencia al cambio que puede manifestarse sobre el sujeto externo (el comunicólogo) ante las propuestas comunicacionales que éste plantea. A esa reticencia, podemos llamarla resistencia, para establecer un paralelismo con ese concepto psicoanalítico. Durante el proceso psicoanalítico, se denomina resistencia a todo aquello que, en los actos y palabras del analizado, se opone al acceso de éste a su inconsciente. Toda intervención comunicacional exige siempre algún tipo de mirada reflexiva de la institución, que en función de generar un cambio, requiere analizar su pasado y presente. Esto se produce necesariamente, aunque nuestra participación allí sea acotada, y establece una tensión -que siempre existe pero que se hace manifiesta-entre lo instituido y lo instituyente, lo que la propia institución (y valga aquí el juego de palabras) está creando.

Ocurre que al modo del inconsciente, depósito de infinitas representaciones, la sociedad posee lo que Cornelius Castoriadis denomina magma de significaciones imaginarias sociales, indeterminado, indefinido. Es la imaginación, la capacidad que permite crear sentido, transformar esa indeterminación del magma en significaciones sociales. Es el imaginario social el que conforma instituciones (entendidas como sentidos sociales, pero que podríamos extender al término utilizado habitualmente) y está en permanente juego entre una imaginación social instituyente, que cuando se materializa se conforma en imaginario social instituido.

Esa relación instituyente – instituido y viceversa, no transcurre de modo lineal y la emergencia de nuevas significaciones está marcada por esa resistencia que las instituciones ofrecen, no en realidad frente al comunicólogo sino como posibilidad de lo nuevo, del cambio. Por lo tanto, la lectura de esa situación, que puede incomodar al propio comunicólogo y hacerlo repensar sobre la viabilidad de su planificación, debe advertirse como una manifestación semiótica quizás de procesos que aún no pueden ser expresados y que será saludable desentrañar.

Bibliografía

Laplanche, Jean y Pontalis, Jean-Betrand, Diccionario de Psicoanálisis, Barcelona, Labor, 1993.


Castoriadis, Cornelius, Los dominios del hombre. Las encrucijadas del laberinto, Barcelona, Gedisa, 1994.

lunes, 3 de marzo de 2008

Comunicación Médica I

Por Fernando Marino Aguirre


Es una obviedad decir que la humanidad entera está atravesada por procesos comunicacionales. No obstante, es pertinente indicar que algunos de ellos adquieren particular relevancia por la esfera de la vida que abarcan. Uno de estos casos es el de la Comunicación Médica, habida cuenta de su relación directa con la sanidad de las personas.

Los profesionales de la salud, en el marco del ejercicio de la profesión, interactúan con un sinnúmero de actores diversos que, a grandes rasgos, podemos clasificar en cuatro grandes grupos:

Sociedad (pacientes, familiares).

Instituciones (organismos gubernamentales, industria farmacéutica, ONG’s).

Comunidad Científica (profesionales de la salud, sociedades científicas, publicaciones especializadas).

Medios de Comunicación (televisión, radio, publicaciones gráficas no especializadas, sitios web).

El impacto que tuvo sobre la Comunicación la revolución científico-tecnológica de finales del siglo XX ha multiplicado sustancialmente las interacciones que en ese plano realizan los profesionales sanitarios.

En el caso particular del vínculo con el paciente y su familia, los profesionales sanitarios requieren de herramientas específicas que lo ayuden a escuchar a esos pacientes más allá de la semiología física y, al mismo tiempo, le faciliten la transmisión de información y diagnósticos en situaciones cada vez más compleja.

Efectivamente, el incremento de la expectativa de vida ha aumentado la incidencia de determinadas patologías con características terminales que requieren de un proceso comunicacional cuidadoso y específico.

En el mismo sentido, la irrupción de nuevos agentes patógenos (HIV, por ejemplo) también enfrenta a todos quienes actúan dentro del sistema de salud a situaciones inexistentes hace más de 30 años nada más.

Al mismo tiempo, los pacientes y sus familias cuando se relacionan con médicos y médicas cuentan con un cúmulo de información cada vez más importante, obtenido a través de los medios de comunicación, información que en muchos casos suele ser errónea o, cuanto menos, ambigua.

Otro tanto podría decirse del crecimiento de las interacciones con las instituciones vinculadas a la salud y con la comunidad científica. Tanto los controles sanitarios como las campañas publicitarias superan ampliamente lo existente en el siglo pasado.

La explosión de Internet, a su vez, ha llevado a niveles prácticamente inmanejables los volúmenes de información que deben analizar quienes están inmersos en estas prácticas profesionales.

Como contrapartida, el proceso de formación profesional no ha incorporado estos tópicos y poco o nada se ha modificado en las currícula universitarias en las últimas décadas como para enfrentar estas nuevas realidades.

Por último, a modo de descripción del estado de la cuestión y de la mirada de los mismos profesionales de la salud, reproducimos las recomendaciones planteadas en la publicación Libro Blanco. El futuro de la Comunicación Médica en España y sus Comunidades Autónomas (2005-2010) (1):

Promover la Comunicación Médica: nuevas tecnologías y formación relacionadas con las tecnologías de la información y de la comunicación. Para ello se requeriría mayor cuota de inversión por parte de la Administración.

Potenciar una relación más “humana” con los pacientes, ya que la mejora de la comunicación con ellos resultaría beneficiosa para la labor asistencial.

Posibilitar una mayor comunicación con sus compañeros médicos y la sociedad científica en general, agilizando la labor asistencial, facilitándola con medios tecnológicos.

Comunicación con contenidos específicos: información con base científica, de calidad, sin dejarse llevar por los intereses comerciales, sin sensacionalismos y sobre los temas que más les interesan.

La comunicación con la Administración y los gestores más ágil y práctica, para una mayor participación de los profesionales médicos en la toma de decisiones.


(1)
http://www.elmedicointeractivo.com/docs/documentos/libroblanco.pdf