sábado, 19 de julio de 2008

Comunicación y Guerra I

Por Mariano Wiszniacki


El desarrollo militar-bélico del siglo XX, tuvo un rol decisivo en la consolidación de la comunicación como una disciplina con características propias dentro de las ciencias sociales. Modelos comunicacionales, investigación en el funcionamiento de los mass media y desarrollo de tecnologías informáticas y comunicacionales tuvieron origen, cuando no financiamiento, de instituciones de defensa y/o prosiguieron objetivos armamentistas. La articulación entre comunicación, guerra, información, espionaje y “tiempos de paz” se mantuvo más firme de lo que se conoce y muchas de las tecnologías que utilizamos, así como el tipo de abordaje que se realiza comúnmente de los medios, tienen su punto de partida en fines militares.

La “era de la comunicación”, “sociedad de la información” y otros títulos que se utilizan para definir este mundo actual donde se han incrementado notablemente las mediaciones comunicacionales, posiblemente no hubiese existido como tal, si las potencias industriales y militares del último siglo, no hubiesen decidido trabajar tanto en máquinas de comunicar, como en pensar a los medios masivos de comunicación como herramientas de persuasión, manipulación y formación de la opinión pública.

Así, durante la Primer Guerra Mundial (1914-18) las técnicas de propaganda y la conformación de organismos de control de la información al interior de los estados, ocuparon un rol fundamental tanto para la estrategia militar de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, como de Alemania. La relación entre la comunicación de las acciones bélicas, el impacto en la población civil e incluso la moral de las tropas, fue considerada clave en el triunfo aliado. No sólo desde el punto de vista del manejo de la información propia y ajena, sino también desde cómo fueron comunicadas las acciones bélicas hacia la audience, “el dispositivo alemán se dirigió a la razón, en un intento de justificar la actitud de sus compatriotas. La propaganda británica, por su parte, se dirigió a los sentimientos, buscando la indignación y la sublevación. Mientras que Londres emitía noticias que anunciaban las atrocidades cometidas por la soldadesca enemiga (...) Berlín lanzaba largas disertaciones que demostraban que la guerra sólo se justificaba por el interés del Reino Unido en liquidar la industria de su competidor”1. Organismos como el Committee on Public Information de Estados Unidos, la creación de ministerios de Información con participación de representantes de los principales periódicos, se hicieron moneda corriente durante la contienda. La noción de que además de un conflicto bélico, se desarrollaba un enfrentamiento ideológico, adquirió amplia difusión durante la Gran Guerra y la gestión de la opinión pública mediante el uso de las nacientes herramientas masivas de comunicación caminó en ese sentido.

Durante el período de entreguerras, fundamentalmente en los Estados Unidos comenzaron a desarrollarse las primeras investigaciones y luego teorías sobre la funciones y efectos de los medios. Hasta ese momento los análisis sociales, se centraban en el concepto de masa, como conjunto de individuos indiferenciados y las problemáticas tenían que ver con el accionar de esa población en las ciudades con su carga de migración, mezcla y marginalidad propia de un incremento demográfico generado por el desarrollo industrial. A partir de aquí, la experiencia adquirida durante la guerra cumplirá un papel fundamental en la conformación de lo que conocemos hoy como Estructural – Funcionalismo. Harold Lasswell, considerado pionero de esa escuela, escribe en 1927 Propaganda Technique in The World War (Técnicas de Propaganda en la Guerra Mundial), donde empieza a analizar la relación entre la comunicación masiva y los efectos sobre los públicos, desde la investigación de cómo se habían producido estas cuestiones durante aquél conflicto. A partir de aquí, reconocidos sociólogos, psicólogos y politólogos norteamericanos o exiliados en ese país participarán antes y durante la Segunda Guerra Mundial en investigaciones sobre persuasión de los medios de comunicación para el ejército, la CIA o el Departamento de Defensa norteamericano, entre otras instituciones militares. Sus investigaciones también serán solicitadas por partidos políticos, organizaciones industriales como la Fundación Rockefeller y el aparato publicitario.

La “guerra ideológica” se seguirá peleando en el período de entreguerras. En tal sentido, tanto el estado norteamericano como el alemán darán fuerte impulso a la industria cinematográfica y su exportación hacia otros mercados como instrumento de propaganda. Dice Armand Mattelart: “la industria cinematográfica se puso a producir películas de propaganda. La guerra coincidió con la primera gran ola de internacionalización del cine norteamericano (...) el alto mando y el Estado del imperio (alemán) se dieron cuenta de la importancia del cine como instrumento de propaganda”2.

Durante la segunda guerra mundial, la relación entre los científicos y los militares se acentuará. Ingenieros y matemáticos contribuirán a la gestión de las primeras computadoras (Jon Von Neumann por ejemplo), a desarrollar complicadas maquinas que trabajarán en cifrar o descifrar los códigos secretos enemigos. Tal será el caso del lado alemán de la máquina Enigma y del frente británico los trabajos lógicos e informáticos de Alan Turing. Por otro lado, y partir del análisis de la trayectoria de los misiles antiaéreos el matemático Norbert Wiener desarrollará los conceptos de feedback y entropía que serán aplicados a la elaboración del esquema comunicacional conocido como modelo cibernético de la comunicación.

El concepto de cibernética y la idea de una Sociedad de la Información que imaginará Wiener, será también durante la denominada Guerra Fría, fundamento para la gestión de redes informáticas. Nace así, en épocas en que una guerra nuclear entre EEUU y la Unión Soviética aparecía como una amenaza posible, el proyecto del Departamento de Estado estadounidense de crear una red que lograse comunicar a las bases militares en caso de un bombardeo atómico. Esa primera arquitectura informática, constituida hacia principios de la década del `60 y denominada ARPANET, será el origen de lo que hoy conocemos como Internet.

1 Mattelart, Armand: La comunicación-mundo. Historia de las ideas y de las estrategias. México, Siglo XXI, 1996, pág.93.
2 Íbid.p.95-96.


Bibliografía:

Breton, Philippe: La utopía de la comunicación: El mito de la Aldea Global, Buenos Aires, Nueva Visión, 2000.

Mattelart, Armand: La comunicación-mundo. Historia de las ideas y de las estrategias. México, Siglo XXI, 1996

Mattelart, Armand y Mattelart, Michèle: Historia de las teorías de la comunicación, Buenos Aires, Paidós, 1997.

Winkin, Ives: “El telégrafo y la orquesta”, en AAVV. La Nueva comunicación, Barcelona, Kairós, 1984.

Wolf, Mauro: La investigación de la comunicación de masas: crítica y perspectivas. Buenos Aires, Paidós, 2004.

lunes, 7 de julio de 2008

Comunicación Interna de Crisis

Por Fernando Marino Aguirre

Cuando una organización enfrenta una crisis -tanto por causas inherentes a su propia dinámica como si las causas se generan en una coyuntura externa-, con celeridad se pone en marcha un proceso de comunicación orientado a posicionarla frente a su entorno. Pero habitualmente no se repara en el público más sensible que tiene una situación de esas características: sus propios integrantes.

Por una parte, cuanto más involucrados estén los empleados con la organización, más estarán interesados en tener información sobre la situación que se afronta, porque se sienten “parte de”, y es imprescindible poder dar respuesta a esa demanda. Por otra, un escenario de crisis genera los temores y preocupaciones naturales en relación a la situación laboral: posibles despidos, reestructuraciones, modificaciones salariales, etc..

Al mismo tiempo, no hay que perder de vista que ese público interno va a ser el primer punto de contacto con el “afuera”. Sentirán la necesidad de dar a conocer sus puntos de vista sobre la situación y, también, serán buscados para que brinden información que -se especula- no es de dominio público.

En ese sentido, hay que contemplar en el manejo de la crisis esa condición de “embajadores” que voluntaria o involuntariamente jugarán todos y cada uno de los involucrados. Desde los elegidos formalmente para asumir ese rol, hasta los más periféricos y que se podría imaginar ajenos a la centralidad del escenario.

Cuando se atraviesa un proceso con estas características todos los miembros de la organización querrán decir algo sobre él. Y es vital, por lo tanto, ser concientes de que eso es inevitable y que lo harán tanto si cuentan con sustento para hacerlo, como si no lo tienen.

Un ajustado esquema de comunicación interna que ofrezca una adecuada información a todos de los integrantes, minimizará la creación y circulación rumores. A la vez, fortalecerá el vínculo entre la empresa y sus empleados, quienes evitarán involucrarse en situaciones que puedan dañar a la compañía y se reducirá el nivel de vulnerabilidad al actuar todos como un conjunto sólido, integrado y sin fisuras. No se puede pasar por alto que esos empleados son los que durante la crisis van a estar en contacto diario con clientes, proveedores y colegas de otras organizaciones.

Un contexto de crisis exige siempre esfuerzos extraordinarios para poder enfrentarla y superarla. Si quienes forman parte de la institución tienen un conocimiento acabado de lo qué está sucediendo y de cuáles serán los pasos estratégicos a seguir, estarán más predispuestos y motivados para entregar lo mejor de sí para alcanzar los objetivos planteados.

Es imposible pensar que cualquier individuo estará en condiciones de actuar con lo mejor de sus capacidades si tiene dudas sobre cuál será su situación laboral futura, si no conoce qué ocurrirá con su puesto de trabajo o nivel de ingresos, si la superación de la crisis requerirá de reestructuraciones que modifiquen sustancialmente su papel dentro de la organización.

La comunicación interna a llevar adelante debe satisfacer las expectativas de quienes la reciben y transformar a todos los empleados de la empresa en eficaces comunicadores. Quienes tengan bajo su responsabilidad el diseño e implementación del proceso, en definitiva, deberán partir de una premisa básica de todo proceso de comunicación interpersonal: informar de la misma manera en que les gustaría ser informados.

En una próxima entrada, abordaremos los mecanismos más adecuados para encarar el proceso de Comunicación Interna en contextos de crisis.