sábado, 27 de octubre de 2012

¿Habrá un mañana?

Por Julieta Cadavid


En “Los Tiempos HipermodernosGilles Lipovetsky realiza un análisis y una comparación exhaustiva entre la modernidad y la aparición de lo que podría llamarse un nuevo período o fenómeno, la hipermodernidad. Una excelente descripción de la sociedad en la que vivimos, con sus bondades y sus dificultades. La ampliación del consumismo, la velocidad del tiempo, la importancia extrema del presente, el cuidado del cuerpo. Todos símbolos de una sociedad que cambia.

Lipovetsky dice: “…tras la absolutización del devenir histórico han llegado la inquietud, el apagón de las representaciones del futuro, el eclipse de la idea de progreso…”. Éste, a mi parecer, es uno de los puntos que resultan más significativos para analizar y traerlo al aquí y ahora. Así se llega a la conclusión que nuestra sociedad está viendo y viviendo esa abundancia de los hiper, tanto en su escasez como en su exceso. Esto se observa de manera clara cuando nos sorprenden las noticias de las muertes de artistas, cantantes o celebridades famosas locales o internacionales. Fueron por ejemplo los casos de los músicos Michael Jackson, Whitney Houston, Luis Alberto Spinetta, o el de la hija de la modelo Pampita y el actor Benjamín Vicuña los que movilizaron la sensibilidad de los individuos.

En estos casos se pudieron rescatar varios ejemplos referidos a este tiempo hipermoderno. Principalmente, hubo una inmediatez sorprendente en la expansión de la noticia. Las redes sociales como Facebook o Twitter se vieron plagadas de mensajes. Pero lo más llamativo fueron las diversas reacciones sentimentales que tuvieron las personas afirmando la idea de Lipovetsky cuando decía: “…la aceleración de las velocidades no ha abolido ni la sensibilidad ante el otro, ni las pasiones cualitativas, ni la aspiración a una vida “equilibrada” y sentimental...” Aunque, debemos aclarar, esa sensibilidad esconda detrás un gran egoísmo al pensar “también me puede pasar a mí”.

Tal como lo anunciaba el sociólogo empezó a generarse un crecimiento de la incertidumbre y, sobre todo en los jóvenes, quienes alzaron sus banderas de Carpe Diem para mostrarles a todos que “hay que vivir el hoy”. Con respecto a este tema, me detengo para expresarme en contra del texto donde se enuncia que hay un retroceso de ésta filosofía de vida, por el contrario, considero que se encuentra más presente que nunca, sobre todo en determinado grupo etario. Fueron muchos los que tras estas muertes pensaron que no se puede conocer lo que pasará en el mañana y que, por esta razón, es necesario vivir el día a día.

Lipovetsky observa éste mismo sentimiento extendido en toda la hipermodernidad. Él expone que la gente intenta cumplir sus deseos y saciar sus necesidades en el presente porque no se sabe qué es lo que va a traer el futuro. Vemos con los ejemplos anteriores que los jóvenes ya no piensan como antes lo hacían con respecto a que a ellos no les va a pasar nada (frase por la cual se cuestionaba el pensamiento de los jóvenes). Ahora, sufren el miedo a la muerte y esto provoca distintos síntomas psicosomáticos y de trastornos compulsivos, depresiones y ansiedades que pueden observarse en muchos de ellos, casi como si fuese un mal de la época.

Teniendo en cuenta, y trayendo éste análisis a las sociedades latinoamericanas, podemos ver que la incertidumbre y la inestabilidad son mucho mayores. Países con altos índices de pobreza, inseguridad, violencia social, entre otros problemas, imposibilitan el pensar en un futuro ideal y deseado. Y es que hay tantos “hoy” que quizá no lleguen a mañana que el miedo es generalizado y está en constante crecimiento.