sábado, 26 de noviembre de 2016

Maslow en el Siglo XXI: ¿De la Pirámide a La Red?

Por Alejandro Ruiz Balza


En tiempos en que factores como las crisis económicas (la inflación, las devaluaciones, etc. afectan al salario), las nuevas características de los jóvenes (que en los últimos 20 años se han etiquetado como Generación X - hijos a su vez de los Baby Boomers - , Millennials, etc.) , que ingresan al mercado laboral buscando algo más que seguridad, en tanto que los cazadores de talento le otorgan una alta valoración la rotación en empleos diversos, y cuando innovar y emprender determinan signos de los tiempos, las características de la relación entre las personas y las organizaciones es clave.

El proceso de reciprocidad en el cual está inmersa la relación e interacción de las personas y las organizaciones está cargada de expectativas mutuas lo cual hace que la relación entre ambos sea compleja y dinámica.

Así como la organización define los objetivos que busca alcanzar, cada una de las personas que la componen tendrá sus propios objetivos que pretende lograr y que, seguramente, no siempre coincidan en su totalidad con la de los otros miembros de la organización.

Todos y cada uno de nosotros tenemos diversos tipos de necesidades. Algunas de ellas son más intensas (como por ejemplo el hambre o el temor) y nos empujan a satisfacerlas. Muchas otras necesidades latentes no generan un comportamiento inmediato.

El psicólogo Abraham Maslow (1943) identificó una jerarquía de cinco niveles de necesidades. Cada uno de esos niveles estaba dispuesto según el orden en que las personas tratan de satisfacerlos y lo esquematizó en un gráfico conocido como la Pirámide de Maslow:
En orden creciente en el nivel más bajo de la pirámide se encuentran las necesidades de supervivencia: también llamadas necesidades primarias y/o exigencias fisiológicas. En el segundo escalón le siguen las exigencias de seguridad, asegurar la integridad física y la salud psíquica y física a salvo de lo desconocido, al caos, a la ambigüedad y la incertidumbre.

Una vez establecido en los dos primeros peldaños en el tercero comienzan las llamadas necesidades secundarias, que incluyen a las necesidades de crecimiento,   afiliación social formal, relaciones interpersonales, integración en grupos (parentales, laborales, políticos, etc.). Un paso más arriba se ubican para Maslow las exigencias de reconocimiento, la necesidad de estima, generada tanto por nuestra propia mirada (confianza, logros, autoevaluación) como por la mirada de los otros (reputación, condición social, fama).

En la cúspide de la pirámide se encuentran las necesidades de  autorrealización: esta será tan personal y cambiante como único e irrepetible es cada humano en su condición. En su estudio Maslow reconoce que  las personas buscan satisfacer sus necesidades en varios niveles al mismo tiempo y se sienten motivadas para pasar al nivel superior solo cuando las necesidades del nivel anterior se encuentran razonablemente satisfechas. Hacia este escalón el marketing contemporáneo no deja de proveer paraíso a medida para elegir en un menú en constante actualización y listo para usar como traje a medida.

Por lo tanto el equilibrio organizacional se alcanzará entonces en la medida que los incentivos ofrecidos por parte de la organización (que por supuesto son muchos más que el meramente económico) sean capaces de alentar el sentido de pertenencia de sus miembros de modo tal que estos, a la vez, generen  contribuciones y aportes a la organización, en un mundo en el que las fronteras organizacionales son altamente permeables y la subjetividad se construye y reconstruye en tiempo real al ritmo de los medios sociales (redes sociales, blogs, chats, etc.).

De la Pirámide a la Red

La expansión de distintos debates, que se han suscitado periódicamente, cada vez mayor énfasis en las últimas dos décadas vinculados con los factores que entre otros enumerábamos al inicio de este artículo, que señalan diversas evidencias en torno tomar seriamente en cuenta que la Pirámide de Maslow también se ha ido reticulando vertiginosamente al ritmo de las transformaciones globales, científicas, tecnológicos y comunicacionales y su impacto e interrelación con el campo de las aspiraciones humanas.

Nos encontramos con numerosos estudios que arrojan resultados en apariencia paradójicos: "las personas privilegian el consumo al empleo", "la autorrealización personal es más importante que la satisfacción de las necesidades básicas", "tener un alto nivel de estudios formales no garantiza el éxito profesional" (Steve Jobs)", "el riesgo y la incertidumbre son requisitos básicos para innovar", "en la red esta todo a tu disposición, emprende y tendrás tu empleo".

Mirar más allá de lo aparentemente paradojal nos permite pensar en una red en la cual los componentes del estudio de Maslow se relacionan dinámicamente en un nuevo contexto, una nueva forma de organización social de escala mundial, en la que la información, su generación, procesamiento y transmisión, se ha convertido en el centro de esa forma específica de organización social descentralizada, satelizada y productora de bienes intangibles, en la que las relaciones: hombre-espacio y hombre-hombre, tienen un nuevo menú de opciones que, sin dejar de ser “personalizadas”, tienen cada vez menos parecido con un enfrentamiento “cara a cara” y más con la vertiginosa mediación de un número creciente de redes de toda especie que se intercalan y re-organizan las interacciones.


Nos encontramos entonces en un contexto en el que a través de la dinámica de cambio del modo de producción convivimos permanentemente con la emergencia de riesgos políticos, ecológicos e individuales que escapan, cada vez en mayor proporción, a las instituciones de control y protección de la Sociedad Industrial, en el que resulta necesario recuperar para la toma de decisiones la ambivalencia  y la incertidumbre como puntos de partida. Para ello, es necesario abandonar la óptica del orden, la versión unidimensional de la racionalización occidental,  para integrar lo subjetivo, lo social, lo ambiguo, lo incierto, lo contingente y lo contextual en la gestión profesional de la comunicación.