viernes, 8 de abril de 2016

Saint Exupéry Odiaba Buenos Aires

Por Felicitas Casillo


Posiblemente el Principito sea uno de los personajes más famosos de la literatura universal. Pero algo especial tiene la historia de este niño rubio, y no es solo su espléndido sobretodo largo, que hasta inspiró el vestuario de Gustavo Cerati: azul por fuera, rojo por dentro, con estrellas amarillas sobre los hombros. Siempre pensé que debería ser de terciopelo.

Hasta acá, demasiado edulcorado. Perdón. Es imposible no referirse a El Principito cuando se quiere hablar de Antoine de Saint Exupéry, Saintex o Saintexu, como le decían los amigos. Además de su obra más conocida, leí Piloto de Guerra y Vuelo Nocturno. Ambos relatos me interesaron sobre todo por lo poéticos que resultan. Piloto de guerra desarrolla de forma brillante una crítica filosófica al mundo moderno, mientras que Vuelo Nocturno fue escrito en la Argentina, cuando el escritor trabajaba en la sucursal porteña de una empresa de correos francesa, y narra los viajes en avión entre Buenos Aires y la Patagonia.

Siempre me había llamado la atención que el autor de una de las historias más famosas del mundo hubiera vivido en la Argentina, y fantaseaba con que hicieran una película sobre su vida y apareciéramos nosotros. Pido perdón por esta especie de ilusión ególatra tan popular entre los argentinos. Nuestra excesiva preocupación por la imagen “que le damos al mundo” delata que no nos consideramos parte de ese mundo, como quien se disfraza de lo que no es para asistir a una fiesta a la que cree que no fue invitado.

Este verano leí Cartas a una amiga inventada. Un librito de menos de cien páginas que se lee fácilmente en un día. Las cartas son dirigidas a una tal Rinette, una amiga real a quien el autor suma condimentos ficticios. Antoine envía estas epístolas con bromas, pensamientos y consejos, desde sitios tan dispares como París, Casablanca, Lisboa, Toulouse y Tánger. Hasta acá un libro bonito y punto, sobre todo por los dibujos del autor que sin duda son lo que más me gustó, algunos de los cuales incluyo en este texto.

Cuando vi que las últimas cartas estaban fechadas “Buenos Aires, 1930”, sonreí pensando que finalmente conocería algo más sobre la vida del autor en el país. Pero según lo que leí, Saint Exúpery no la pasó demasiado bien en la Capital. Al parecer, como director de la compañía Aeropostal Argentina y ganando  el abultado sueldo de veinticinco mil francos al mes, el autor de El principito se aburría terriblemente, coleccionando en su departamento de Reconquista 240 “objetos que nunca servirán para nada, que aborrezco desde el momento en que me pertenecen y de los que, sin embargo, cada día, aumento el montón”.

Qué decepción para mi ego cuando describe a Buenos Aires como una “enorme ciudad de cemento”, tan asfixiante como un monumento egipcio: “me sentiría igual de ligero en pleno centro de la Gran Pirámide”. Luego se desquita con nuestro clima: “Me pregunto si hay estaciones en Buenos Aires. Me pregunto de qué forma la primavera podrá atravesar estos millares de metros cúbicos de hormigón”, y finalmente, remata con una irónica alusión a los argentinos: “para colmo de desgracias aquí están también los argentinos”.

Solo te corrijo en una, Saintex, por justicia a tantos jacarandás, lapachos y jazmines: la primavera sí sabe llegar a esta ciudad. El resto te lo perdono y caigo en un lugar común. Quizás, las ciudades sean como los zorros y para que se vuelvan únicas antes se las deba domesticar.

Publicado en su Blog …Morisqueta: https://felicitascasillo.wordpress.com/